Breve relato (inconcluso e inexacto) de una historia larga y una tormenta perfecta

Me han contado una historia, historieta, no sé muy bien cómo llamarla, me suena más a movida inventada, como tantas cosas que se escuchan por ahí hoy en día.

Una historia que habla de personas, englobando a personajillos, personajillas y personajilles que, habitando en una ciudad que no tiene corazón (véase referencia a Cabezas de Tormenta – La Caba: Autogestión desde la periferia), como Madrid, cada una con su pasado, su educación y todo lo que nos rodea en ese constructo que llamamos persona, decidieron crear un proyecto común, colectivo y autogestionado para producir verduras y comérselas, teniendo así el control sobre sus alimentos y la forma en la que se producen. Pensaban comer de un sueño. Increíble ¿no? Pues esto es solo el principio de este relato.

Lo primero que hay que creerse para poder pensar que esta historia sea verdad, es que un grupo grande (hablamos de más de cien personas que no se conocen de nada) se ponga de acuerdo en algo, bueno, en bastantes cosas, sin que nadie le dirija. Lo segundo que hay que creerse es que esas personas dediquen tiempo a algo así, sin beneficio económico ni rentabilidad, no está el tiempo como para andar desperdiciándolo en cosas que no nos hagan prosperar en la vida.

A lo que iba, se pusieron de acuerdo y consiguieron tener verduras, aportaban cuotas que servían para mantener el proyecto y recibían verduras a cambio, algunas veces más, otras menos, porque siempre pasan cosas… pero bueno, dicen que más o menos todas estaban de acuerdo en que las cosas iban más o menos como se imaginaban.

A veces surgían conflictos y entonces algunas hacían pluf y desaparecían, otras plof y dejaban caquita que limpiar a las que se quedaban, otras pum salpicando todo con lo que llevaban dentro y llenaban todo de trocitos que después había que recoger, y otras muchas, o a veces pocas, se quedaban con los ojos como platos viendo lo que pasaba, y cuando tanto pluf, pum, plof había acabado, se ponían a recoger, a hacer dibujitos, pegar post-it, reunirse, pensarse y se volvían a poner de acuerdo en cómo seguir construyendo juntas… y no hablamos de dos o tres personas, hablamos de muchas.

Otras veces había problemas de dinero, porque a estas personas les suelen pesar mucho sus principios (¡¡¡tenían un montón: los propios y los del proyecto común!!!), y ya se sabe que los principios no rentan. Bueno, volviendo al dinero, así que que si había inflación, que si ya no eran tan anti Sistema y querían que las personas que trabajan la huerta tuvieran condiciones dignas (porque eran personas de las que hablan de cuidados), que si los vehículos tienen que tener seguro, y tooodas esas cosas hacían que las cuotas subiesen… y tocaba de nuevo ponerse a hacer papelitos, post-it, etc. Que si yo pienso esto, que si yo siento aquello,… imposible pensar que llegasen a entenderse.

Y, además, creo que esto se me había pasado contarlo, la verdura que querían comer era ecológica, eh, ¿Cómo te quedas? Sin químicos ni cosas de esas que les habrían facilitado mucho el trabajo. Y no solo eso, al principio no querían máquinas y el trabajo era de reventón. Luego se compraron algunas, pero producir en ecológico para cientos de personas y usando métodos bastante tradicionales requiere mucho esfuerzo y conocimiento y, a veces, cuando las personas que trabajaban la huerta se iban, no había tiempo de pasar toda la información a las nuevas personas que iban a hacer ese trabajo, así que también había menos verduras.

Y a pesar de todo esto, las personas seguían con su proyecto. ¿Siempre las mismas? No. Algunas seguían años, pero otras muchas pasaban por allí unos años, aprendían un montón de cosas y se iban a montar otros proyectos, o a otros sitios donde contaban que sí era posible hacer algo así, aunque muy pocas las creyesen. Normal… Las personas seguían con el proyecto, unas veces solventando conflictos, otras pasando épocas de menos verduras y otras con subidas de cuotas.

Y llegó un momento donde todo se juntó, se formó la tormenta perfecta, que es lo que me dará la razón.

Por distintos motivos formaron GG nuevo, que son las personas que trabajan en la huerta (que no se llaman así por reírse mucho aunque están felices por trabajar en el campo) que no tenía mucha experiencia y al que no se le transmitió con el tiempo necesario toooodo lo que hay que saber de la huerta, y eso significa menos verdura… El campo es así, no da más de lo que tú le das.

También hubo un conflicto, o varios, y las personas no supieron gestionarlo, y es que la vida de todas es muy compleja y no da para estar a todo y así pasa, que a veces no sabemos y siempre se nos escapan cosas, que nos quedan lejos, y si a todas se nos pasan las mismas cosas… chungo, y conflictos sin resolver. Y cuando hay conflictos hay gente que hace pluf, pum, plof…

Además, la vida está como está con todos los precios subiendo, incluso los salarios, así que las cuotas también subieron, y como había gente que ya no estaba, pues más subía la cuota, y algunas ya no llegaban, porque era más cuota y menos verdura.

Para mí estaba claro que esto iba a pasar, desde que me empezaron a contar esta historia sabía que acabaría mal, ni un año les daba, ni unos meses… nadie se cree una historia como esta, queda bien para un relato, uno corto, pero no para la vida real. En la vida real hay que dedicar el tiempo a cosas provechosas, no tiene la gente suficientes problemas sin resolver como para meterse en cosas de estas. ¿Para qué vas a perder tiempo intentando construir algo que no se puede vender? Hay que dedicarse a generar riqueza, no a construir sueños ni perseguir utopías.

Qué digo un año, qué digo ni unos meses, ni unos días, te digo yo que algo así no existe. ¿O sí?

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